Pienso en compras compulsivas y pienso en zapatos, o en vestimenta en general. La verdad es que no compro compulsivamente estos artículos, así que no sé por qué la asociación. En todo caso, lo que consumo a modo de pulsión es la música. Pero, reflexionaré sobre ese tema llegado el momento.
Francamente, no se me ocurre hablar sobre algo
que compre compulsivamente. Lo que se me ocurre es pensar qué cosas compramos.
Bienes materiales supongo. Pero no creo que sea lo único. Acaso el proveedor de una familia, compre un
lugar de autoridad. Tal vez podamos comprar el amor. Al menos, es algo que los
padres divorciados parecieran intentar.
Tal vez podamos comprar prestigio. O tal vez lo vendamos. A veces, puede
que hasta lo rifemos.
Podemos comprar un título universitario (No
deberíamos, pero podemos). La sabiduría no la podemos comprar. Puede que tarde
o temprano la ignorancia nos delate. Podemos comprar el silencio. También
podemos comprar las opiniones y los discursos. Podemos comprar drogas de manera
ilegal. De última, si algo falla, podemos comprar un abogado. O a la justicia,
si tenemos el número adecuado. El número de teléfono, porque también podemos
comprar influencias. O traficarlas. Podemos traficar armas y, con ello, generar
un conflicto bélico en alguna nación remota con cantidades de petróleo listo
para ser explotado. Algún país del primer mundo puede que compre nuestro plan.
Mi equipo puede comprar un diez con una zurda
envidiable. ¿Estará comprando el sacrificio de toda su vida? ¿Estará comprando
la lealtad a la camiseta? ¿Qué colores pueden más?¿los de la camiseta o los del
billete? Supongo que compraré el diario el lunes para enterarme los detalles.
Pienso sobre que compraría y me pregunto qué
me venden. El bien material no importa.
Es lo intangible lo que se vende. Me venden lo que me gustaría ser. Entonces,
antes de cortarle por enésima vez a la operadora de Tarjeta Naranja, que me
ofrece algo que no quiero, le explico que no tiene nada que ofrecerme que me
interese. Que me está quitando lo único
que no puedo comprar, y es mi tiempo.
Puedo desperdiciarlo; puedo venderlo (mi
recibo de sueldo da un número muy concreto sobre el valor de mi tiempo), pero
no puedo comprarlo. Supongo que por eso tantas veces pedimos por un tiempo. Tal
vez por eso, estemos tan pendientes de los tiempos pasados y tan poco de los
tiempos por venir. Tal vez, por eso disfrute tanto en perderlo.
M.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario