Hace años que conozco a Marcela, ella sabe que mi personalidad es un calco de nuestras madres.
Mamá es un calco de su madre, Marcela es un calco de su padre.
Los calcos no es lo nuestro, tengo la sensación que de tanto perpetuar los genes nosotros nos vamos desgastando; somos la versión menospreciada de una imagen reflejada en una ventana lluviosa.
Vieron que uno elige a los amigos en función a parámetros que lo satisfacen. A mi me llenan pocas cosas, una de ellas siempre fue la soltura con la que Marcela se manejaba.
Y lo digo en pasado por que hoy Marcela ya no pertenece a este plano, el plano de lo intangible. Somos amigos pero optamos por no darnos un tiempo sino la vida entera separados. No quiero decir que ya no seamos amigos, de hecho la sigo respetando y queriendo, pero hay algo que no parece estar complementando nuestra amistad y es el libre albedrío.
Como dije siempre respeté que se manejara con soltura, siempre y cuando no se soltara en medio de mi vida.
Hoy le escribo a ella, se que me lee, para que sepa que la soltura no es algo que nos haga seres inimaginables y únicos, sino amigos de las distancias.
NO Marcela, no te deje de querer en mi vida, yo siempre te voy a querer aquí. Todos saben que no puedo evitar querer saber de tus caminos y de tus aventuras, pero no puedo acercarme porque nos soltamos.
Soltar, es la cuestión que nos atañe, por que yo no te voy a soltar y creo que de eso vos no sabes nada.
Se que queres que lo nuestro sea lo que fue, yo también.
Pero nuestro drama no es ser amigos sino dejar las enemistades para volver a ser lo que nunca fuimos.
Marcela, no vuelvas, dejame lejos (pero sigamos juntos).
Todo esto es un pedido burgués, hasta te diría que pretencioso y barroco.
Vos sabes, por algo somos amigos.
Tin
20 de mayo de 2015
18 de mayo de 2015
Cada uno por su lado.
Suspender el casamiento dos
semanas antes de la fecha trajo sus consecuencias. Era predecible.
Andrea llegó al barcito de la calle Perú,
llevaba el pelo recogido en un rodete y
puestos los lentes negros que le disimulaban los ojos hinchados y rojos de
tanto llorar. Se sentó en una mesa pegada a la ventana y ahí se quedó viendo la
gente pasar. El mundo no la entendía, el
mundo la trataba de loca por no querer casarse con Jorge, su novio de hace
cuatro años. Pero ella no se movía ni un
milímetro de su decisión. La decisión estaba tomada.
Jorge llegó diez minutos después
de lo acordaron, entró. La vio de inmediato. No le fue difícil distinguirla
entre los demás clientes del lugar. Se acercó a la mesa y se sentó, no la
saludó.
-¿Cómo sigue esto?- preguntó Jorge
-Sigue, si así vos lo deseas, sin
ataduras. Sin papeles. Cada uno en su casa.
-Casarnos fue tu idea, hasta
donde yo recuerdo.
-Lo sé y es eso lo que pone mal.
Quise cumplir con los mandatos de la sociedad, dejar de ser la rebelde, la que
va en contra de todo. En un momento me proyecte hacia el futuro y me di cuenta
del error. No digo con esto que casarse es un error, pero sé que no es para mi.
-Ni para mí- le dijo Jorge,
mientras le tomaba la mano- Andrea lo quedó mirando
-¿En serio? ¿Por qué no me dijiste
nada?-Le preguntó Andrea mientras se acomodaba en la silla.
-No quiero una vida como la que
llevaron mis viejos, ni como la que llevan mis hermanos. Tampoco una vida como
la que ya tuve. No quiero tener que bancarme el calor porque vos sos friolenta-
le confesó.
-Ni yo de soportar los partidos
de futbol desde que abro los ojos hasta que los cierro.
Ambos rieron.
Andrea y Jorge venían de
convivencias que fracasaron. Sabían que querían y qué ya no. La cosa había
funcionado más que bien hasta que la idea del casamiento se interpuso entre
ellos. Ninguno quería exponerse al desgaste que provoca la convivencia. Cada
uno se encontraba feliz en su propia casa, lugar de encuentro más de tres veces
por semana. Había una convivencia no plena, no obligada. Por qué cambiar la
fórmula que les había resultado entonces. Ellos ya conocían el lado B del amor
y no querían eso para ellos.
A la mañana siguiente el sol, los
encontró durmiendo en la misma cama. Después de haber disfrutado de una noche
como las que ellos sabían crean.
15 de mayo de 2015
Hoy no escribo
Hoy no hay tema sobre el que escribir. Tampoco hubo mucha
escritura, parece. Entonces, me tomo la licencia de publicar aquello que me
gusta leer y releer casi hasta poder recitarlo de memoria.
Espero les guste tanto como a mí.
M.
Los dos reyes y los dos laberintos
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los
primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus
arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil
que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se
perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son
operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a
su corte un rey de los árabes, y
el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo
penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la
declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta.
Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y
que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a
Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia
con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo
cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al
desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y
substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto
de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a
bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que
forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso."
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde
murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.
Jorge Luis Borges
8 de mayo de 2015
Verdad
Y esta
ahí, inconmensurable, irrefutable. Puedo mentirme, puedo ignorarla, puedo
disfrazarla, pero la verdad está ahí y pesa. duele.
Entonces
me despierto y es lo primero en lo que pienso. Me levanto, intento que no se me
note, intento que no me presione, que no me domine. Pero me demanda. Consume mi
pensamiento a cada instante. Mi existencia gira en torno a ella.
Lo
sobrellevo lo mejor posible. Lo que no tiene solución no es un problema. Asumo
mi carga sin analizarlo demasiado. No tengo fuerzas de cuestionar por qué a mí.
La verdad es la verdad y no tengo como evadirla. No sé cómo llegó a mí ni si en
algún momento va a liberarme. Me gusta creer que la llevo con dignidad, por eso
no me abandona. Supongo que peor sería sobrellevar la fantasía. O la
humillación. La falsedad, tal vez, No es algo que elijamos creo.
El día va
pasando y la sobrellevo con más tranquilidad. Me libera un poco, como si le
aflojaran las cadenas a una fiera enjaulada. Pero solo un poco. Porque ahí
sigue. Me distraigo, me concentro, me evado. Trato temas banales o
fundamentales. Me libero de mis obligaciones y ahí me recuerda cada día que
está presente. En la ducha se disipa un poco. Sospecho que se presenta en modo
de contractura. Oscurece. El sueño me invade y la siento susurrarme al oído que
sigue ahí, que simplemente no va a abandonarme y que, al despertar, planea ser
el primer pensamiento en invadirme.
M.
1 de mayo de 2015
Yuxtaposición
Sueño que
soy otro. Que sueña. Veo a los infinitos universos fundirse en uno. Siento que
mi cuerpo se aliviana. Vuelo como un pájaro mientras siento a mis patas correr
sobre la hierba. Veo la claridad de la mañana, aunque podría ser la noche
cerrada, profunda.
Siento la
presencia de la muerte. La yema de sus dedos huesudos rozan mi cuello, justo
atrás de la oreja. Me explica que es tan vital como cualquier otro elemento del
ciclo de la vida, pero que lo suyo es un problema de prensa. La calmo prometiendole
que, cuando nos volvamos a ver, la voy a recibir con entusiasmo. Ya no le temo,
ahora siento empatía por ella.
Transcurren
horas, días, años ¿cómo saberlo? Los minutos ya no se suceden el uno al otro.
Las palabras empiezan a carecer de sentido ¿Estaré del lado equivocado del
espejo? Tal vez nieve en el trópico. Las estaciones se superponen cual hojas de
papel translúcido. Las mareas ya no responden a la luna.
Entonces
sueño. Sueño que soy soñado y sueño a mi soñador, soñado también él. Sueño y
ansío orden en esta calma anárquica. Sueño y temo el despertar.
M.
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