Yo queria ser otro, quizás uno mejor, quizás uno sin fuerza de voluntad. Pero no pude, me tocó ser el monstruo, ese que desvirtúa hasta los pensamientos.
Un día desperté y entendí que si quería podía tener al mejor de los gladiadores.
No era necesario pensarlo dos veces, con desearlo era suficiente.
Y así comenzó la época oscura, la era de la mano de hierro, el tiempo de la autoridad.
Le dedique horas, dias, meses al plan.
Un día me vestí de humano y salí a con(trolar)quistar a los transeuntes del mundo, una sonrisa, un abrazo y un te amo fue suficiente.
Para cuando me di cuenta era el rey del mundo y nadie se negaba.
La coronación fue un tanto precaria, pero no dejó de ser lo que quería.
Llegué a un punto insostenible, odiaba manejarlos a todos, nadie dejaba de hacer lo que quería.
Los odiaba, y aún hoy los odio.
Volví a la oscuridad, no hay nada mejor que dejar de hacer de los humanos títeres.
Quizas hoy los deje pensar que ya no los veo, quizás hoy los deje pensar que son libres.
Tin.
30 de marzo de 2015
26 de marzo de 2015
El arte de aparentar
¡Uy! ¡Ya estamos a 26 de marzo, no veo la hora de que termine el mes! Maldito trabajo y maldito sueldo que no alcanza…
La culpa de todo la tiene mi jefe, que encima me tiene en negro y ni obra social tengo, menos mal que soy una persona sana, si me llego a enfermar tengo que ir a ese hospitalucho de cuarta.
Igual si me enfermo voy al Fernández, aunque tenga que tomar dos colectivos, por lo menos esta en un barrio como la gente y la Legrand siempre dice que es bueno… si ella lo dice, debe ser así.
Lo importante es que hoy me encuentro con las chicas, vamos a comer a puerto madero, ¡espero conseguir un novio con plata que me saque de este lugar horrible!
¡Menos mal que mi prima pudo prestarme un poco de plata! ¡Zapatos nuevos! ¡Al fin!
Apenas los vi en el Alto me enamoré, ¡son tan lindos! Todos doraditos, hacen juego con mi Swatch...¡Mierda! Le tendría que haber pedido un poco más de plata a mi prima, así me compraba la cartera que hace juego. La que tengo ya tiene unos meses, se nota que es de la temporada pasada, y Carlos se da cuenta de todo
¡Ay, es tan elegante! ¡Siempre con su perfume importado y sus trajes a medida! Tengo que engancharlo, ese hombre tiene que ser mío.
Pero no puedo ir así como una mosquita muerta...
Mi prima me quería prestar sus zapatos, ¡está loca!. Se ve de lejos que son de once. Por eso le pedí la plata, la miserable siempre tiene. Dice que ahorra por las dudas, para no depender de nadie...
Yo no se a esa chica que le pasa, no disfruta nada, siempre trabajando, ¡es tan aburrida!
Le tendría que haber pedido más, me queda justo para la cena y el taxi para volver... Este barrio está cada vez peor, parece que están por asfaltar la avenida, si llueve ya voy a poder caminar desde la parada, ¡con la última lluvia me empapé!
Menos mal que soy una chica sana, ¡el Fernández esta tan lejos....!
24 de marzo de 2015
Pegue, Marta pegue.
Miro el reloj y faltan
todavía unos minutos para que llegue Marta a su sesión, la última conmigo por
el momento. Hemos resuelto de mutuo acuerdo darnos "vacaciones".
Cuando llegó al consultorio hace un año y medio traía con ella el fantasma de
muerte a causa de una enfermedad que la afectaba. Pero eso era solo la fachada
de muchos miedos y problemas que fueron aflorando. Trabajó duro para poder
superar sus temores y ver las cosas desde otra perspectiva, por eso creí
conveniente que nos diéramos un respiro y dejarla ser, con la posibilidad de
que ella continúe con otro profesional si así luego lo deseara.
Suena el portero, le abro
y en cinco minutos comenzamos.
-Bueno Marta como sabe hoy
es nuestro último encuentro, al menos por un tiempo. Esto no es una despedida,
sino un hasta luego. Creo que está en el momento indicado para dar pasos de
gigante.
-Como dice la canción.
-Sí, Marta, como la
canción. Pero antes quiero tomarme la libertad de sugerirle y de que al menos
le quede la inquietud y lo piense.
-Dígame.
-Quisiera que siga
avanzando en esto que ha venido trabajando en nuestros encuentros. Sobre el
“sacarse mochilas”, es necesario que ponga en palabras sus sentimientos para
que ldespues ese silencio no se transformen en nódulos.
-Usted sabe que me cuesta,
que no quiero herir a los míos.
-Sí, lo sé. Pero digamos
que es necesario para su bien y a su vez para el bien de los suyos. Creo que
decir las cosas, ponerlas en palabras es liberador. Es ser y de eso se trata la
vida Marta. De ser. De pegar un grito, de cantarle las verdades en la cara a
quién a usted le hace ruido. De salir de la zona de confort. De ser usted misma
y no la que los demás quieren que sea.
-Se da cuenta que me pide
que sea como usted quiere que sea.
-No Marta, le pido que deje
salir de usted a la que hay en su interior. Que su salud esté en primer lugar,
solo eso. Disculpe si soy brutal al decirle que mandar a la mierda a su hija
que no acepta que usted se haya separado de su padre puede ser liberador. Su
hija ya no es una criatura que no puede manejar los cambios, seguramente deberá
procesarlos. Pero eso ya es otro asunto, de ella, no suyo. “Matarle” las ilusiones
al padre de sus hijos diciéndole claramente que usted ya no va a volver con él,
podría ser lo más sano para ambos. Que la historia no haya sido como usted
pensaba no significa que no ha sido buena. Después de todo tuvo como fruto de
ese amor, dos hijos y un matrimonio de 25 años.
-25 años llenos de
momentos, buenos y malos.
-Así es la vida Marta.
Pero entiendo también que usted elija volver. Que elija quedarse al lado de Antonio….
-Con Antonio no vuelvo
más.
-Hágaselo saber así,
claro. Usted no tiene porque callarse pensando en ella. Mientras que su suegra
la tilda de lo que se le viene en ganas.
-Es una mujer mayor…
-Y usted, no? Hasta cuando
Marta va dejar que todos crean que usted es un felpudo?
-Se vino afilada hoy- se
seca una lágrima a la vez que se ríe.
-Hoy es una charla de
mujer a mujer. No le pido que lo haga, sino que lo considere. Que de una vez
salga a la luz y se enfrente con las cosas. Al ritmo que pueda. Pero que cuanto
antes mejor. Su verdad no va a alejarla de nadie y si la aleja, quizás sea lo
mejor. Quizás sea lo más sano. Vivir con lo que uno es tiene su precio, así
como vivir de apariencias conlleva un costo.
-¿Alto?
-Alto, pero siempre es más
alto el costo que nos cobra la mentira. ¿No cree usted?
-¿Por qué me dice todo
esto hoy?
-Primero porque quizás
decida no volver y después porque detrás de su analista hay una mujer. Le
propongo que tengamos un encuentro dentro de dos meses. Es un tiempo prudencial
para que usted cambie de piel.
-Voy a volver.
-Acá la espero.
Alito
20 de marzo de 2015
Musica
Todos podemos contar lo importante que es la música en nuestras vidas. Todos podemos hacer la banda de sonido
de nuestras vidas. Muchos decimos que vivimos por y para la música. La realidad es
que solo algunos llevan ese pensamiento al extremo.
Antonio Salieri se crió musicalmente en Venecia. Su talento lo llevó a la corte austríaca, donde se convirtió en un compositor célebre. Daba clase a cortesanos y era un compositor respetado. Aunque virtuoso, todos sus logros eran producto de la tenacidad y la perseverancia. Tal vez por eso, toda su vida convulsiona ante la aparición de un genio.
Wolfang Amadeus Mozart fue un niño prodigio. Su sensibilidad musical era evidente, incluso en sus primeros años. Si bien su metodología de trabajo no era la más ordenada, la forma en la que comprendía la música era completamente distinta a la de todos los demás. Su sensibilidad era innegable y sabía como transmitirla a su audiencia.
Mozart es llevado a la corte vienesa, donde rápidamente se convierte en una estrella. Goza de los beneficios de ser el preferido y sus obras son aclamadas. En esa época, conoce y entra en relación con Salieri. Éste,
Mozart disfruta de la compañía de Salieri. Lo ve como un colega, como un amigo, quizás. La confianza era tal, que Salieri se convirtió en el profesor de música
de los hijos de Mozart. Está claro que el sentimiento no era mutuo.
Salieri mantenía una relación
amor-odio con su colega. Admiraba su talento pero, a la vez, se sentía opacado por él. El ego
herido es más de lo que Salieri puede soportar.
Es en este punto donde la historia se torna
confusa. Las versiones se cruzan. Salieri se deja cegar por sus celos y la
historia toma otro matiz. La relación se torna
enfermiza y cada vez se vuelven más unidos.
Aprovechando los problemas económicos de
Mozart, Salieri lo rescata. Lo admira tanto como lo odia. Lo odia tanto que no
puede separarse de él. No puede negar que la copia es la
mayor muestra de admiración. La escena es grotesca.
En la cumbre de su carrera, Mozart muere. Muchos años después, en medio de delirios provocados por la enfermedad, Salieri confieza haberlo envenenado. Nunca sabremos si eso realmente ocurrió. Mientras tanto, otra joven promesa impresionaba con su talento musical: Ludwig van Beethoven. Curiosamente, este compositor era alumno de Antonio Salieri.
M.
17 de marzo de 2015
Efectos colaterales
Así como todo lo que uno lee no
es literatura, aunque sea publicado en formato de libro, no todo lo que suena
es música. Me niego a creer que eso que mi vecino compartió el domingo con todo
el vecindario, desde las once de la mañana hasta las ocho de la noche lo sea.
La verdad que no me ocupa lo que
cada uno consuma, de hecho no pongo en discusión el gusto que cada uno tenga.
Lo que sí me molesta es la falta de respeto, de consideración. Es preciso que
el barrio entero escuche frases como “…el que no hace palmas es un culo roto”.
Es que era un álbum en vivo. Lo mismo me hubiera parecido si escuchaba a la
Sinfónica de Londres.
Qué importa si quería dormir,
estudiar, o simplemente poder escuchar claramente un cd o mirar una película.
Es como el muchacho que va en el transporte público escuchando su lista de
reproducción sin auriculares.
Estás cosas son las que me ponen
creativo y pienso en una continuación de Relatos Salvajes, donde todo termina
en sangre y una gran explosión como en la historia de Leonardo Sbaraglia o
Ricardo Darín. Sacan mi lado B.
Comprendo que se quieran
divertir, relajar, pasarla bien pero… ¿Es preciso hacerlo a todo volumen? Sé
que la música es liberadora pero logran que me encierre en mi habitación.
Después pienso que debería comprarme un parlante y poner música al mango cuando
ellos no escuchan nada, pero seguramente van a disfrutarla…Juro que no quiero
caer en tildarlos de negro de mierda, pero trabajan duramente domingo tras
domingo para eso.
Alito
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